VIDA REAL – EPISODIO 19: PARO NACIONAL

VIDA REAL – EPISODIO 19: PARO NACIONAL

Colombia está viviendo un momento histórico. Desde hace más de una semana diferentes sectores de la sociedad civil, han salido pacíficamente a las calles a manifestar su descontento con las políticas del gobierno actual. Armados de cucharas y cacerolas, ciudadanos de todas las procedencias, edades y estratos socioeconómicos se han unido al Paro Nacional.

El Vago de los Hilos @BajaAlcurnia es abogado y especialista en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario. Usa su cuenta de Twitter para hacer divulgación y pedagogía jurídica, haciendo hilos que explican, por lo general, una situación de la coyuntura sociopolítica actual.

VIDA REAL PODCAST

PRODUCCIÓN, DIRECCIÓN Y LIBRETOS: Verónica Orozco Abad

INGENIERÍA: Maria Elisa Ayerbe

POST PRODUCCIÓN: Nicolás Achury

MÚSICA ORIGINAL: Felipe Navia y Nicolás Achury

VIDA REAL – EPISODIO 17: CIRUGÍA PLÁSTICA SEGURA

VIDA REAL – EPISODIO 17: CIRUGÍA PLÁSTICA SEGURA

La percepción sobre nuestro propio físico se ve afectada inevitablemente por las construcciones sociales y culturales. Al ser nuestro cuerpo el vehículo en el que navegamos la vida, es absolutamente necesario tener completa autonomía para modificarlo como queramos, de acuerdo a quiénes somos y cómo habitamos el mundo, y es ahí donde la cirugía plástica entra en escena, ayudando a ese libre desarrollo de la personalidad.

Hoy nos acompaña Lorena Beltrán, una periodista que a sus 18 años se sometió a una reducción mamaria que le dejó lesiones físicas y emocionales, tras sufrir una seria deformidad en sus senos debido a una negligencia médica. Ella lidera el movimiento #CirugiaSeguraYA, que lucha por la reglamentación de estos procedimientos, para evitar que más pacientes mueran en quirófanos inseguros en Colombia.

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INGENIERÍA: Maria Elisa Ayerbe

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MÚSICA ORIGINAL: Felipe Navia y Nicolás Achury

VIDA REAL – EPISODIO 14: SEXUALIDAD FEMENINA

VIDA REAL – EPISODIO 14: SEXUALIDAD FEMENINA

La sexualidad de las mujeres, aún hoy en el año 2019, continúa siendo un tema del que poco se habla. La sexóloga Alejandra Quintero @eldivanrojo nos acompaña en este episodio para hablarnos sobre la salud sexual de una manera clara y directa, sin tapujos ni vergüenza sobre un asunto que debería ser tan natural como la vida misma.

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VIDA REAL – EPISODIO 13: EUTANASIA Y CUIDADOS PALIATIVOS

VIDA REAL – EPISODIO 13: EUTANASIA Y CUIDADOS PALIATIVOS

Pocas veces queremos pensar en la muerte, tema que en nuestra cultura genera cualquier clase de emociones. Los pacientes que sufren enfermedades crónicas o terminales también tienen derecho a buscar su bienestar o decidir no continuar ante un pronóstico desalentador.

Colombia es uno de los 4 países a nivel mundial y el único en Latinoamerica que tiene regulado el proceso de la muerte digna. La psiquiatra Catalina Mejía nos acompaña en este nuevo episodio para hablarnos de los derechos de los pacientes en torno al fin de la vida.

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VIDA REAL – EPISODIO 11: GORDOFOBIA

VIDA REAL – EPISODIO 11: GORDOFOBIA

La GORDOFOBIA se define como ese sesgo automático y usualmente inconsciente que lleva a discriminar, rechazar o burlar a las personas con sobrepeso, especialmente cuando éstas son mujeres.

En este episodio de VIDA REAL, la publicista y activista bumanguesa Adriana Convers @fatpandora nos habla sobre la gordofobia, la moda y su libro A Todas nos Pasa. Un capítulo indispensable para todos.

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VIDA REAL – EPISODIO 10: TELEVISIÓN Y FEMINISMO

VIDA REAL – EPISODIO 10: TELEVISIÓN Y FEMINISMO

El contenido televisivo que consumimos es un reflejo de la sociedad en la que vivimos. En tiempos como estos, en los que la diversidad y la inclusión son fundamentales, analizar la televisión desde diferentes perspectivas se hace absolutamente necesario.

En este episodio de Vida Real, JULIANA ABAÚNZA nos enseña a cuestionar nuestras series favoritas desde una perspectiva feminista y ver en ellas un espejo de lo que somos y lo que podemos llegar a ser.

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VIDA REAL – EPISODIO 9: SÍNDROME DEL IMPOSTOR

VIDA REAL – EPISODIO 9: SÍNDROME DEL IMPOSTOR

Se le conoce como SÍNDROME DEL IMPOSTOR al fenómeno psicológico que sufren millones de personas exitosas alrededor del mundo que se sienten incapaces de asimilar sus logros. En este nuevo episodio, hablamos nuevamente con la psicóloga VERÓNICA REYES, quien nos explica claramente este síndrome, sus causas y nos comparte ejercicios que pueden ayudar a superarlo.

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PROPÓSITOS PARA EL 2019

PROPÓSITOS PARA EL 2019

Empieza un nuevo año y con él, nuestra lista de propósitos se llena de tareas que prometemos cumplir ciegamente, mientras suena la pólvora y nos comemos las 12 uvas. Ir al gimnasio todos los días, comer más vegetales, leer dos libros por mes, meditar. Es como una hoja en blanco donde podemos escribir lo que queramos que nos acompañe en el capítulo que comienza.

Que sea entonces el momento de compartirles mi lista de este año, de pronto alguna de ellas les gusta para añadirlo a la suya.

PROPÓSITOS PARA EL 2019

· Amarme profundamente como soy, mirarme al espejo con amor y tenerme compasión y paciencia en esos días en los que no me siento yo.

· Entender que mi experiencia de vida como mujer es diferente a la de todas las demás y que por lo mismo, NO JUZGO NINGUNA DECISIÓN DE OTRA MUJER.

· Encontrar la belleza de cada mujer que se cruza por mi camino, desaprendiendo los estereotipos que nos han vendido, sin sentirme amenazada por el brillo de ninguna.

· Creerle a cada mujer que tiene el valor de alzar su voz y denunciar cualquier tipo de abuso. Mi lealtad está con ellas.

· Ser luz en la vida de las otras mujeres, no oscuridad. Si no tengo nada bueno que decir, no digo nada. Y si tengo algo bueno que decir, no me lo callo. Muchas veces esas palabras hacen el día de alguien y seguramente, harán el mío también.

· Ser capaz de observarme y encontrar en mí los comportamientos machistas que tengo. El reconocimiento del problema es el primer paso para la solución.

· Seguir en redes sociales cuentas que me generen cosas bonitas. Si alguna cuenta me hace sentir ansiosa, insegura o insuficiente, unfollow. No es nada personal, se trata de buscar mi propia tranquilidad.

· No juzgar a otra mujer por su ropa, su maquillaje o falta de este, su color de pelo, su color de piel, su peso, su origen. Nada de eso tiene que ver conmigo ni tiene por qué importarme.

· Entender que no todas las mujeres son mis amigas ni me tienen que caer bien pero todas son MUJERES y por ello, las respeto a todas como mis hermanas.

· Continuar aprendiendo sobre feminismo y todo lo que de allí se desprende. Jamás disculparme por mi pasión sobre el tema y por mi voz. Recordar que no lo sé todo y dejarme enseñar. Crecer como feminista.

· Tumbar el Patriarcado.

· Ir al gimnasio por lo menos tres veces a la semana para tener la fuerza suficiente para tumbar el Patriarcado.

· Meditar para tener la suficiente paz mental que me permita seguir luchando contra el Patriarcado.

· Comer vegetales.

Mucho amor por cada una. Mucha fuerza en cada una. Juntas podemos, solas jamás. Por un año sororo, hermanas.

Saber mucho duele

Saber mucho duele

¿No les ha pasado que sobre ciertos temas hubieran preferido no saber tanto? Como que haber aprendido sobre ello hace que todo cambie para siempre.

A mí me pasó cuando aprendí cómo se hacían las caricaturas cuadro a cuadro, y luego no podía ver El Correcaminos sin pensar en que cada uno de esos movimientos eran muchos dibujos a la vez. También me pasó al estar detrás de cámaras en el rodaje de una película, donde entendí que cada escena tiene varios planos y se repite más de tres veces, y ahora cada que voy a cine, no puedo evitar desarmar las escenas por planos, lo que me saca del mood del momento.

Y me pasó con el feminismo.

“Feminismo” siempre me pareció una palabra terrible, una con la que no quería que me asociaran jamás. Lo entendía como un montón de viejas histéricas, que odian a los hombres, que no quieren afeitarse las axilas y que exigen derechos que ya tenemos. Podemos votar, podemos decidir sobre la maternidad, podemos estudiar. ¿Qué más quieren estas viejas si ya lo tenemos “todo”?

Mi interés en el tema se fue despertando poco a poco, al descubrir que muchas mujeres que admiraba eran feministas. Escritoras, cantantes, actrices, todas hacían parte de esa “secta”, lo que ayudó a despertar mi curiosidad. Si eran tan inteligentes y maravillosas, probablemente había algo del feminismo que yo no entendía. Comencé entonces a ponerle atención a mis amigas feministas, a los artículos que compartían en sus redes, a los argumentos que tenían. Empecé poco a poco a reconocer que mi voz interior estaba adoctrinada y llena de prejuicios y entonces muchas cosas comenzaron a tener  sentido. Decidí por mi parte ponerme a leer, a investigar, a entender. Me acerqué a cada argumento sin juicios, dejándome enseñar y aceptando mi completa ignorancia en el tema. Se sentía como cuando el día empieza a oscurecer y no te das cuenta de lo oscuro que está hasta que alguien prende una luz. Dentro de mí todo empezó a cambiar.

Verme como un individuo que hace parte de una colectividad (lo que es obvio pero no hemos entendido), me ayudó a comprender que lo que le pasa a una, nos pasa a todas. Que el argumento “ningún hombre me ha hecho nada malo, yo no necesito el feminismo” es egoísta, porque la lucha es por las mujeres como un todo, no por una sola. Se hicieron evidentes muchísimas conductas machistas que tenía normalizadas porque fueron enseñadas, reforzadas y aplicadas por la sociedad en la que vivo. Que los hombres no lloran, que las mujeres no deberían salir solas, que el valor de una mujer se determina por su pasado sexual.

Comencé a ver el mundo real en el que las mujeres vivimos, el cual queramos verlo o no, es diferente al mundo en el que viven los hombres. Un mundo en el que el acoso del jefe no se menciona y si se menciona, nadie lo cree; uno en el que un abuso sexual es culpa de la víctima, según la ropa que  tenía puesta, su consumo o no de alcohol y que tan sensual bailaba o caminaba; uno en el que se justifica un feminicidio con un “algo debió haber hecho” o “pobre hombre, lo cegaron los celos”. Uno en el que nos matan y nos violan y nos abusan y la justicia no hace nada. Uno en el que las mujeres no deben hablar de fútbol porque “deberían estar en la cocina”, ni vivir su sexualidad libremente porque de lo contrario, putas. Un mundo en el que tu pareja te rompe la cara y la sociedad te culpa por no haber visto las señales a tiempo o en caso de notarlas, te culpa por no haberte ido. No se culpa al abusador por el actuar, se culpa a la víctima por omitir.

Empecé a leer las brutales estadísticas de violencia contra las mujeres, que van en aumento de manera alarmante. Se estima que el 35 por ciento (es algo como una de cada tres) de las mujeres de todo el mundo han sido víctimas de violencia física y/o sexual. Unos 120 millones de niñas alrededor del mundo han sufrido el coito forzado u otro tipo de relaciones sexuales forzadas a lo largo de su vida (UNWomen.org). De los 25 países más violentos con las mujeres, 14 son en Latinoamérica. ¿Cómo seguir negando algo que le pasa diariamente en el mundo a otras mujeres como yo? El abuso no tiene estrato, ni color, ni es analfabeta. El abuso y la violencia nos tocan a todas las mujeres, aunque una falsa superioridad moral nos haga sentir que somos mejores que aquellas que han sido efectivamente violentadas. La frase que repetimos como autómatas “es que si a mí me tocan un pelo, yo me defiendo y me voy”, no funciona cuando estás completamente sometida y reducida por el miedo a tu abusador, que te tiene consumida.

Quiero creer que el feminismo llegó a mi vida cuando estaba preparada para entenderlo. Esto me ha servido para quitarme la culpa por haberme demorado tanto en llegar a él. Las cosas ahora se ven diferentes y es ahí donde recuerdo que saber demasiado puede doler. Porque reconoces en ti y en los demás todo el machismo y sexismo aprendido, que está surcado en el cerebro de la manera más profunda y que por lo mismo, ninguno de nosotros cuestiona. Que los machos de verdad se emputan pero no lloran como niñas, que una mujer sin hijos está incompleta, que no se asuste si el Dr. Pérez le soba la espalda y le respira en la oreja bailando en la fiesta de la empresa, porque él siempre se pone así cuando se emborracha. Que si la abusaron sexualmente, no debió haberse vestido así, ni salir sin un hombre que la cuide, porque se sabe que las mujeres que salen sin hombres a la calle, se someten a que les pasen cosas malas.

Es duro estrellarse con el mundo real. Uno representado por hombres y mujeres que no quieren oír, ni entender, ni arriesgar sus privilegios. No es con ellos, no les importa. Es difícil porque la lucha se empieza a volver solitaria y te sientes rara entre los tuyos. Probablemente este fue el motivo para no querer relacionarme con el feminismo en mis veintes, poder sentirme aceptada. Encajar en el molde, no cuestionarme nada y seguir al pie de la letra el libreto social de un mundo perfecto para mí. Pero ya es tarde, ya sé demasiado. Ya abrí una puerta que no puedo ni quiero volver a cerrar.

Estoy convencida de que se puede. Cada día veo más mujeres y hombres acercándose al tema, explorando, descubriendo. ¿Qué las feministas están emputadas? PERO POR SUPUESTO. Abrir los ojos a una realidad en la que te tratan como un recipiente que hace hijos, quita la arrechera y se sienta bonita después, da mucha, mucha rabia. Queremos cambios, queremos igualdad. Tenemos que hablar duro y fuerte. Ninguna revolución empezó con susurros ni permisos.

El feminismo no odia a los hombres por ser hombres, ni envidia su falo colgante (al menos no es un corolario del movimiento, no puedo hablar por todas). Lo que odia el feminismo es una sociedad que nos irrespeta a las mujeres y privilegia a los hombres, por encima de nuestro propio género. Queremos igualdad, equidad. Que los privilegios que la sociedad le otorga a los hombres por el solo hecho de serlo, no sean más que ventajas aplicadas para todos los seres humanos. Que podamos vivir en una sociedad que nos respete a todos.

No quiero frustrarme porque sé demasiado, ni odiar a la sociedad en la que vivo. Lentamente estoy cambiando mi propio entorno, acompañada de unos cuantos que también están en su proceso. Me siento irresponsable mirando hacia otro lado. Esto también es conmigo.

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Por el derecho a rendirse

Por el derecho a rendirse

Por Verónica Orozco A. @Verozco 

Estaba navegando por mi TL de Facebook y me encontré una imagen que me sentó a escribir. Era un meme de una mujer caminando de la mano con su hija, en el que la pequeña le pregunta: “Mamá, ¿qué es rendirse?”, a lo que su madre responde: “No sé hija, nosotras somos mujeres”.

Y me quedé pensando entonces en esa tonelada de peso que le acaba de pasar esa madre a su hija sin darse cuenta. “Está prohibido rendirse porque somos mujeres”. Qué frase tan atrevida y tan equivocada. ¡Si rendirse es un derecho! Que no esté regulado en la Constitución no le quita su esencia de tal.

No todas las historias terminan como lo teníamos planeado. La vida está llena de variables imprevisibles, que cambian los planes establecidos y juegan con nuestros cronogramas. Si decido que mi matrimonio no es lo que quiero o que el trabajo que tengo no me hace feliz, ¿estoy obligada a remar infinito porque no me puedo rendir? ¿Quién es usted, madre de meme, para decirme que por ser mujer (algo que no escogí), no tengo derecho a parar cuando me de la gana? Y según esa lógica, ¿está bien entonces que los hombres se rindan pero no que lo hagan las mujeres?

Soy una convencida del poder femenino, de lo inmensas que somos las mujeres y de la necesidad de seguir alzando nuestra voz para lograr un mundo justo y equitativo para todos. Y eso incluye mi derecho a rendirme, a renunciar cuando no quiero seguir, a dejar atrás lo que ya no me interesa. Nos enseñan desde niños la importancia de luchar, de persistir, de continuar. Pero nadie nos dice que también tenemos derecho a decir “ya no más” cuando sintamos que es el momento, a escucharnos a nosotros mismos, a conocernos lo suficiente como para saber cuando queremos parar.

Rendirse es una oportunidad para volver a empezar, para reivindicarnos con nosotros mismos, para cambiar de camino. A la mierda las frases de superación personal que nos cargan en lugar de liberarnos. La vida viene sin manuales, por eso podemos vivirla como nos de la gana. Y eso incluye rendirse las veces que sea necesario.

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 Foto: strenghtandconditioningeducation.com