1980

1980

Las revistas de la sala de espera estaban viejas y con las puntas dobladas. Quién sabe cuántas otras pacientes habían estado aquí sentadas antes que ella, asustadas como ella, pasando las hojas sin mirar nada realmente, como lo estaba haciendo ella. Nerviosas como ella. Estaba convencida de estar enferma o al menos, de estar empezando la menopausia. Cuando los síntomas aparecieron, su primer pensamiento fue “tengo un tumor”. Le corrió un escalofrío por todo el cuerpo mientras recordaba esa posibilidad y se abrazó tratando de calentarse mientras esperaba su turno. “¿Sonia?” dijo en voz alta la secretaria del doctor. Se puso de pie y caminó hasta el consultorio, dejando en la mesita de centro las revistas arrugadas.

“Buenas noticias: los exámenes mostraron que lo que usted tiene no es un tumor, Sonia. ¡Usted está esperando otro hijo!” exclamó emocionadísimo el médico. Sonia, que tenía 42 años y cuatro hijos adolescentes, dejó caer su mandíbula al suelo. “¿Está seguro de que estoy en embarazo, Doctor? ¿No será un tumor?” preguntó incrédula. De repente la idea del cáncer sonaba menos difícil de asimilar. Estaba muy vieja para estar embarazada de nuevo, ¿cómo podía ser posible?

Con su mundo al revés salió del consultorio. “¿Cómo puede ser posible?” se repetía una y otra vez mientras lloraba sin consuelo. Se fue a su casa y antes de que sus otros cuatro hijos volvieran del colegio, llamó a su esposo a contarle la noticia. Él la escuchaba ahogada en nervios y llanto al otro lado del teléfono. “ESTOY EMBARAZADA JAVIER, QUÉ VAMOS A HACER, CÓMO PUEDE SER POSIBLE SI TENGO 42 AÑOS, ESTO NO PUEDE SER”, le gritaba a su marido por el auricular. Javier, un tipo calmado y tranquilo de 49 años, viendo lo desconsolada y asustada que estaba su esposa, le propuso la solución más práctica que encontró: “¿Entonces por qué no abortas?”, le dijo, dejando en ella la posibilidad de decidir. La palabra “aborto” retumbó en su mente y el caudal de lágrimas se detuvo. En medio de todo el miedo y la angustia, nunca había contemplado en esa opción. “¿Es lo que me gustaría hacer?” se preguntó durante medio segundo antes de entender que su verdadero deseo era ser madre por quinta vez. Luego de regañar a Javier por siquiera haber sugerido semejante disparate, se fue al centro comercial a comprarle a ese futuro bebé su primera pijama. El tumor que iba a dejar viudo a su marido y huérfanos a sus cuatro hijos, era un pequeño embrión creciendo en su vientre.

Ese siempre fue el más grande sueño de su vida, ser madre. Antes de casarse visitó a un brujo que al leerle el tabaco le dijo que en su futuro se veía que iba a tener “más hijos que un curí” y la predicción parecía ser cierta. Tendría que volver a empezar de nuevo: fabricar una persona, asegurarse de que sobreviva y en ese proceso, enseñarle a ser una persona buena y decente. Tendría que olvidarse de su trabajo y encontrar una manera de trabajar desde su casa para ayudar a su marido porque ahora serían una familia de siete.

Una historia cualquiera

Una historia cualquiera

Ella es Verónica. Acaba de cumplir 20 años, está en la universidad y lleva un par de semanas saliendo con Esteban. Él no le gusta mucho pero ella no quiere estar sola, siente que solo existe ante la mirada de un hombre y por eso es tan importante estar con alguien. Esteban es más bajito que ella y tiene un corte de pelo estilo 7 que le recuerda a un duende. Esteban es dulce con ella, la trata bien y definitivamente está tragado. Verónica prefiere ignorar que no se siente atraída por Esteban y sale con él. Se besan, él la coge de la mano. Esteban la invita a una fiesta en las afueras de la ciudad, llena de conocidos y desconocidos.

Andrés es el anfitrión de la fiesta, dueño de la finca. Es un tipo muy sociable, tiene muchos amigos. También tiene un corte de pelo estilo 7 pero a él sí le queda bien. Está allí con su novia, la oficial, a pesar de que todos saben que se besa al mismo tiempo con muchas otras. Andrés es un hombre cishetero, blanco, adinerado, paisa. Se siente el dueño del mundo desde que nació y la verdad, nunca se le ha dicho lo contrario.

Hay mucho alcohol en la fiesta. Litros y litros de aguardiente. Más de 50 veinteañeros beben y bailan al son de Proyecto Uno. Verónica está con Esteban y los amigos de Esteban, uno de ellos el hermano de su mejor amiga. Ella se siente segura, no tiene por qué sentir otra cosa.

Andrés y Verónica se cruzan. Alguien los presenta, coinciden en el trago y terminan tomando juntos. A ella le gusta de inmediato y él se da cuenta. Andrés es un macho paisa que debe aprovechar cada oportunidad con una mujer, esa es la regla. Comienzan a bailar y él la besa. Se besan. Andrés la lleva a un lugar de la finca más solo y Verónica lo acompaña. No hablan mucho, solo se besan. En la mente de ella hay romance, el comienzo de una historia de amor. En la mente de él probablemente no hay más que alcohol y marihuana, puede estar besando a cualquiera.

Luego de un rato vuelven a la fiesta. Verónica vuelve donde Esteban, con quien vino pero con quien no quiere estar. Mañana terminará con él, seguramente por teléfono, sin mucho drama. Está ilusionada con Andrés, piensa que la llamará al otro día y empezarán a salir.

Ya son las 3:30 am, hace mucho frío y no les cabe más alcohol. Verónica y Esteban se sientan afuera a esperar que la fiesta termine para irse con quien vinieron. Se sientan en el suelo frente a las caballerizas. Hay más gente terminando la fiesta alrededor mientras ellos conversan cerquita para calentarse un poco y comparten la chaqueta de Esteban.

Verónica le está contando algo a Esteban y no ve venir la mano. Solo siente un golpe seco en la cara y sus oídos empiezan a pitar. Mira con horror como Andrés, de la nada, acaba de pegarle un puño en su mejilla derecha. Esteban le reclama y él solo atina a decir que se confundió, qué creyó que era su novia y se va. No pasa nada. Verónica no entiende lo que está pasando y sus ojos se llenan de lágrimas. Tiene miedo, se siente frágil y vulnerable. Esteban, quien decide no incomodar a su amigo millonario y popular, solo le pregunta si está bien y la acompaña callado.

Verónica se queda en absoluto silencio. Por primera vez en sus 20 años de vida no quiere decir nada. Le duele la cara y el alma. Está lejos de su casa y no tiene cómo volver hasta que no la lleven de regreso. Esteban se aburre de su silencio y se va con sus amigos. Verónica se queda ahí, en el suelo de la caballeriza, sola, humillada, abandonada. Golpeada. Está segura de que es su culpa, de que se lo merece. De que se lo ganó por perra, por besar a otro. Nunca vuelve a ver a Andrés ni a Esteban. Nunca le cuenta a nadie y por años entierra el recuerdo de la primera vez que un hombre le pegó y ella se convenció de que se lo había buscado.

Una mujer que no quiso ser mamá

Una mujer que no quiso ser mamá

La primera vez que escribí sobre mi decisión de no ser mamá fue en el año 2014. En ese momento tenía 33 años, estaba recién divorciada y el mundo estaba abriéndose para mí. Pero no era una idea que acababa de gestarse en mi cabeza. Un par de años antes había verbalizado tímidamente las palabras más aterradoras hasta ese momento: “creo que no quiero tener hijos”. Podría fingir que no fue difícil, que lo tuve claro desde siempre, que no me costó mucho pero la verdad es que llegar a esa conclusión ha sido uno de los retos más complejos de mi vida.

Desde niña la idea de la maternidad estuvo conmigo. Los hijos eran parte de la vida de los adultos, así como lo era casarse, trabajar, ponerse tacones o tener reuniones. Nada de esto dependía de la voluntad, simplemente ese era el orden de las cosas. Mis primeros juguetes, como los de muchas niñas, fueron bebés de mentiras, de esos que cerraban los ojos cuando se acostaban y a los que alimentábamos con un tetero de plástico, imitando a las mujeres en quienes nos convertiríamos más adelante. Me gustaba jugar a ser mamá. En mi imaginación sin límites, los escenarios para maternar eran muchos y muy distintos pero la constante era una sola: mi futuro necesariamente incluía un esposo y unos hijos.

Al crecer la idea seguía ahí, no como una de las opciones posibles sino como el deber ser. Entonces pacientemente esperé a que un hombre me escogiera como su esposa para comenzar a vivir a plenitud el mito del amor romántico, ese que promete que luego de la boda, viene una vida armoniosa y llena de abundancia, en una casa con hijos en la que jamás volveremos a sentirnos solas. Estaba convencida de que la única vida posible para una mujer feliz era la de la familia y los hijos. Había fantaseado con ello en mis juegos infantiles, en mis sueños de adolescente, con cada película, cada libro, cada novela. Fue solo hasta el momento de dar el siguiente paso en la maternidad que entendí que esos sueños y anhelos no eran míos. No tenía idea qué quería para mí, solo sabía que ser madre no estaba en mi futuro.

Mi decisión vino llena de cuestionamientos y juicios por parte de una sociedad que considera el cuerpo de las mujeres de su propiedad y la labor de maternar una obligación. Los ataques llegaron de conocidos y desconocidos, increpando mi egoísmo, inmadurez y falta de feminidad. Otros más sutiles preferían recordarme el desastroso final de una mujer como yo, quien con seguridad terminaría sus días sola y abandonada, sin hijos y nietos que la amaran. Entonces me aferré a mi decisión con uñas y dientes, como un animal acorralado dispuesto a lo que sea con tal de sobrevivir. No estaba segura de por qué estaba yéndome en contra de todo lo que conocía, pero dentro de mí se sentía correcto.

Con los años la decisión se ha afianzado y mis argumentos han madurado. Mientras sentía que tenía que defender mi posición frente a los demás, tomé el argumento que fuera necesario en el momento. Sostuve sin parpadear que jamás tendría hijos, que ni los quería ni los necesitaba y que el hechizo patriarcal sobre la maternidad para mí había desaparecido. Que no estaba dispuesta a sacrificar mi vida deliciosa por un mocoso, que no quería comer helado derretido, ni pasar noches en vela esperando en la ventana el regreso de un adolescente rumbero. Que no quería gestar un ser humano, ni quería amamantar, ni me importaba pasarme la vida sin estrenar el corazón luego de parir.

Todavía sigo convencida de que no quiero ser madre pero reconozco mis miedos y dudas. Es muy difícil librarnos por completo de las creencias que viven en nuestro inconsciente y que moldean nuestra vida desde pequeñas. Mentiría si dijera que en los últimos años no he imaginado lo que sería tener hijos, lo significativo que debe ser para la vida, lo retador y emocionante que debe sentirse asumir la tarea de educar un buen ser humano. Sé a ciencia cierta que mi decisión me obliga a sacrificar vivencias y emociones que solo nacen de la maternidad. Pero también me estaría mintiendo a mí misma si me dejara gobernar por mis temores.

Hoy entiendo que la maternidad no es el máximo fin femenino, ni un requisito para graduarse de mujer. Que hay mujeres que son madres y hay otras que no lo son y eso está bien porque el cuerpo de una mujer le pertenece solo a ella y lo que decida hacer con él, no es problema de nadie más. Entiendo que el instinto maternal es una construcción social, que el ejercicio de la maternidad también es político y que por ello, la decisión de hacerlo es exclusiva de la mujer.

Entiendo que pensar en mis sueños y metas no es egoísta con nadie porque mi vida está por encima de esa que ni siquiera existe. Comprendo que no le debo explicaciones de mis decisiones a nadie y que cualquier motivo es suficiente para decir NO. También reconozco que mi decisión no está escrita en piedra y que tengo derecho a arrepentirme si así lo deseo. Es mi vida, voy a vivirla como me plazca y lucharé por siempre para que cada mujer pueda hacer lo mismo. Soy consciente del privilegio que representa haber tenido la opción de decidirlo, cuando la realidad de muchas mujeres es otra.

No sé si algún día me arrepienta de haber tomado la decisión de no ser madre pero eso no me preocupa. No solo porque con cada decisión que tomamos en la vida enfrentamos el mismo riesgo sino porque la vida es solo el presente y lentamente he ido aprendiendo a vivir en el hoy sin sufrir tanto por la incertidumbre del futuro. Y la verdad prefiero arrepentirme de no ser mamá que de serlo sin haberlo querido.

*Publicado en Revista Pandemia en 2020.

VIDA REAL – EPISODIO 34: ASEXUALIDAD

VIDA REAL – EPISODIO 34: ASEXUALIDAD

En entornos y sociedades hipersexualizadas como la nuestra, la asexualidad puede parecer un trastorno o una enfermedad pero lo cierto es que no hay nada más alejado de la realidad.

Para conversar sobre esto, vuelve nuestra querida Alejandra Quintero @eldivanrojo, psicóloga y educadora sexual con perspectiva de género y abordaje cognitivo conductual y EMDR. Directora y fundadora deEl Divan Rojo desde el 2007 y del colectivo Psicología por Colombia desde el año 2020.

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MÚSICA ORIGINAL: Felipe Navia y Nicolás Achury

PRODUCCIÓN, DIRECCIÓN Y LIBRETOS: Verónica Orozco Abad

VIDA REAL – EPISODIO 33: ANSIEDAD

VIDA REAL – EPISODIO 33: ANSIEDAD

En el año 2019, La Organización Mundial de la Salud calculaba que más de 264 millones de personas padecían ansiedad a nivel mundial. Esta aterradora cifra sigue en aumento, convirtiendo la ansiedad en un problema de salud pública que necesita ser tratado.

Daniel Marulanda Restrepo es psiquiatra egresado de la Universidad CES, baterista, productor y activista de la comunidad LGBTIQ.

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VIDA REAL – EPISODIO 32: AMOR PROPIO

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Cuando pensamos en el amor, usualmente vienen a nuestra mente las personas a quienes amamos aunque muchas veces omitimos de esa imagen a la más importante: nosotros mismos. El amor propio es la base del amor mismo y a su vez, el amor más difícil de lograr.

María González @mariamamaria es psicóloga con enfoque de género graduada de la Universidad de Los Andes, que trata de juntar la psicología con el feminismo a través del activismo en redes sociales.

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VIDA REAL – EPISODIO 31: ALIMENTACIÓN A BASE DE PLANTAS

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La alimentación a base de plantas no es un tema nuevo pero la fuerza que ha tomado en los últimos años, sí lo es. Cada día son más las personas que por amor a los animales o por mejorar sus hábitos, deciden explorar el veganismo como una opción más ética para vivir.

Victoria Lozada es dietista nutricionista, con máster en TCA y obesidad. Es también experta en nutrición vegetariana y vegana. Más conocida en redes como @nutritionisthenewblack, cuenta con una comunidad de más de 218K personas, es autora de tres libros y dicta cursos en “Esto es Nutrición”.

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VIDA REAL – EPISODIO 30: VIOLENCIA OBSTÉTRICA

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El concepto de violencia obstétrica no es nuevo, a pesar de que no se sepa mucho sobre éste. Diariamente mujeres en todo el mundo son víctimas de maltrato físico y psicológico durante el parto, muchas veces convencidas de que es normal y está bien.

Maria Paula Toro es abogada y politóloga de la Universidad de Los Andes, con Maestría en Derechos Humanos y Acciones Humanitarias de Sciences Po de París. Actualmente trabaja en el Servicio de Restablecimiento del Contacto entre Familiares de La Cruz Roja Francesa, cuyo propósito es ayudar a personas a buscar a sus familiares desaparecidos en cualquier contexto humanitario. Es feminista y trabaja en activismo de género, parte de la organización Siete Polas, que busca llevar los temas de género y feminismo al público colombiano.

Este es un episodio muy especial porque cuenta con los relatos anónimos de varias mujeres que compartieron sus dolorosas experiencias de violencia obstétrica. Gracias por su confianza, valor y fortaleza. Este episodio es por ustedes.

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VIDA REAL – EPISODIO 29: MATERNIDAD Y FEMINISMO

VIDA REAL – EPISODIO 29: MATERNIDAD Y FEMINISMO

Dentro de los roles de género impuestos por la sociedad a las mujeres, está el de la madre perfecta, esa que mágicamente puede con todo sin perder su sonrisa y sin salirse del estereotipo. Esto, reforzado además desde la misma cultura, hace que muchas mujeres que son madres sufran en silencio por sentirse inadecuadas y sentir que están fallando, a pesar de no ser cierto.

Maria Fernanda Cardona Vázquez @lamalamamapodcast es Socióloga de la Universidad de Caldas y Magister en Periodismo de la Universidad de Los Andes. Actualmente escribe en la columna “Mamá Millenial” de la Revista Bacánika, es la fundadora de La Mala Mamá Podcast, feminista y mamá de un bebé de 15 meses.

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VIDA REAL – EPISODIO 28: DRAG

VIDA REAL – EPISODIO 28: DRAG

El drag es una de las formas de expresión artística más populares dentro de la comunidad LGBTIQ+ y que ha ido tomando mayor relevancia dentro de la cultura. Más allá del performance y del espectáculo, desde siempre lo drag (dressed as a girl) ha tenido un impacto político y muchos lo han usado como una forma de crítica social, buscando de alguna manera satirizar algunos estereotipos.

Juan Tarquino @jntrqr es licenciado en artes escénicas, escritor, actor, dramaturgo y director de teatro y danza, especialista en artes del movimiento. Él es quien le da vida a Lesley Wolf, una drag queen bogotana que se ha posicionado como una de las artistas más reconocidas de la escena local.

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