Una historia cualquiera

Una historia cualquiera

Ella es Verónica. Acaba de cumplir 20 años, está en la universidad y lleva un par de semanas saliendo con Esteban. Él no le gusta mucho pero ella no quiere estar sola, siente que solo existe ante la mirada de un hombre y por eso es tan importante estar con alguien. Esteban es más bajito que ella y tiene un corte de pelo estilo 7 que le recuerda a un duende. Esteban es dulce con ella, la trata bien y definitivamente está tragado. Verónica prefiere ignorar que no se siente atraída por Esteban y sale con él. Se besan, él la coge de la mano. Esteban la invita a una fiesta en las afueras de la ciudad, llena de conocidos y desconocidos.

Andrés es el anfitrión de la fiesta, dueño de la finca. Es un tipo muy sociable, tiene muchos amigos. También tiene un corte de pelo estilo 7 pero a él sí le queda bien. Está allí con su novia, la oficial, a pesar de que todos saben que se besa al mismo tiempo con muchas otras. Andrés es un hombre cishetero, blanco, adinerado, paisa. Se siente el dueño del mundo desde que nació y la verdad, nunca se le ha dicho lo contrario.

Hay mucho alcohol en la fiesta. Litros y litros de aguardiente. Más de 50 veinteañeros beben y bailan al son de Proyecto Uno. Verónica está con Esteban y los amigos de Esteban, uno de ellos el hermano de su mejor amiga. Ella se siente segura, no tiene por qué sentir otra cosa.

Andrés y Verónica se cruzan. Alguien los presenta, coinciden en el trago y terminan tomando juntos. A ella le gusta de inmediato y él se da cuenta. Andrés es un macho paisa que debe aprovechar cada oportunidad con una mujer, esa es la regla. Comienzan a bailar y él la besa. Se besan. Andrés la lleva a un lugar de la finca más solo y Verónica lo acompaña. No hablan mucho, solo se besan. En la mente de ella hay romance, el comienzo de una historia de amor. En la mente de él probablemente no hay más que alcohol y marihuana, puede estar besando a cualquiera.

Luego de un rato vuelven a la fiesta. Verónica vuelve donde Esteban, con quien vino pero con quien no quiere estar. Mañana terminará con él, seguramente por teléfono, sin mucho drama. Está ilusionada con Andrés, piensa que la llamará al otro día y empezarán a salir.

Ya son las 3:30 am, hace mucho frío y no les cabe más alcohol. Verónica y Esteban se sientan afuera a esperar que la fiesta termine para irse con quien vinieron. Se sientan en el suelo frente a las caballerizas. Hay más gente terminando la fiesta alrededor mientras ellos conversan cerquita para calentarse un poco y comparten la chaqueta de Esteban.

Verónica le está contando algo a Esteban y no ve venir la mano. Solo siente un golpe seco en la cara y sus oídos empiezan a pitar. Mira con horror como Andrés, de la nada, acaba de pegarle un puño en su mejilla derecha. Esteban le reclama y él solo atina a decir que se confundió, qué creyó que era su novia y se va. No pasa nada. Verónica no entiende lo que está pasando y sus ojos se llenan de lágrimas. Tiene miedo, se siente frágil y vulnerable. Esteban, quien decide no incomodar a su amigo millonario y popular, solo le pregunta si está bien y la acompaña callado.

Verónica se queda en absoluto silencio. Por primera vez en sus 20 años de vida no quiere decir nada. Le duele la cara y el alma. Está lejos de su casa y no tiene cómo volver hasta que no la lleven de regreso. Esteban se aburre de su silencio y se va con sus amigos. Verónica se queda ahí, en el suelo de la caballeriza, sola, humillada, abandonada. Golpeada. Está segura de que es su culpa, de que se lo merece. De que se lo ganó por perra, por besar a otro. Nunca vuelve a ver a Andrés ni a Esteban. Nunca le cuenta a nadie y por años entierra el recuerdo de la primera vez que un hombre le pegó y ella se convenció de que se lo había buscado.

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