LA MENTE PEREZOSA

LA MENTE PEREZOSA

En mi adolescencia, el verbo “procrastinar” no existía. Al menos no lo usábamos ni sabíamos lo que significaba. Al hecho de ponerse a hacer cualquier otra cosa que no fuera lo que deberíamos estar haciendo, le llamábamos PEREZA. Pereza de empezar a hacer esa exposición, pereza de terminar la tarea, pereza de sacar un 5 cuando con un 3.5 paso y por lo tanto, puedo estudiar antes de entrar. Dejarlo todo para el último momento y tener que correr, sufrir y angustiarse porque voluntariamente uno se dejó coger de la noche, no era más que una de esas formas extremas y estúpidas en la que muchos viven su vida.

Yo por supuesto, hago parte de ese desagradable grupo de gente que vive su vida de esa forma extrema y estúpida. Diría incluso que si buscan la palabra PROCRASTINACIÓN en el diccionario, encontrarán junto a su definición, una foto mía ahogada en llanto y tareas por hacer mientras veo sin ver el celular, o me pongo a hornear un pan de banano o leo un libro en lugar de estar haciendo lo que debería.

Actualmente y dada la naturaleza de lo que hago, a esa procrastinación ahora le digo “bloqueo de escritor”. Cada que me siento frente a la página en blanco, no sé qué hacer. Siento ganas de llorar, de arrancarme el pelo. Me da una angustia de esas que se sienten como un nudo en el estómago y me quiero parar de ahí. Entonces pienso que lo mejor es tomar agua y meditar un poco. Me levanto de la silla y voy por agua y en el camino me doy cuenta de que no he lavado ropa en varios días. Entonces asumo que si me pongo a lavar a ropa, le daré un descanso a mi cerebro y cuando me siente nuevamente frente a la hoja en blanco, tendré la inspiración necesaria para hacer lo que debo. Pero ese momento nunca llega y mi siguiente interacción con la hoja en blanco llega cargada de estrés, angustia y ganas de vomitar porque se me acabó el tiempo y a su vez, mi mente fluye como el agua aprovechando la descarga de adrenalina que trae el miedo de no cumplir, logrando terminar lo que debía en el minuto exacto pero mentalmente exhausta y completamente drenada de energía.

Sobre esa forma de relacionarme con mis ocupaciones tengo dos teorías, que seguro alguien más ya descubrió y escribió sobre ello a tiempo (guiño de mi cerebro procastinador). La primera tiene que ver con nuestra propia mente y su constante necesidad de sabotearnos. Cualquiera que haya leído por lo menos un libro de autoayuda, sabe que nuestra mente viene programada para odiarnos. Bueno, no tanto para odiarnos como para enredarnos el triunfo, cosa que pa mí viene siendo lo mismo. Según los traumas que cada uno de nosotros tiene, nuestra mente va poniendo trabas en esa búsqueda de la felicidad y el éxito, en forma de preocupaciones y problemas. Muchas veces nuestra mente torturadora y angustiada, al ser la dueña de nuestra voz interior, es la primera que tiene algo que decir sobre nuestras decisiones y proyectos, exponiendo de una manera bastante familiar todos nuestros miedos y temores. Es por eso que cuando decidimos escucharla sin cuestionarla, asumiendo que lo que dice es una verdad absoluta, terminamos sin darnos cuenta saboteando nuestra propia felicidad. Cuando procrastinamos no hacemos nada más que derrochar uno de nuestros bienes más valiosos y limitados, nuestro propio tiempo. Y como procrastinar no significa disfrutar el tiempo libre, no estamos trabajando en lo que deberíamos pero tampoco estamos descansando relajadamente porque nuestra mente nos recuerda con angustia que deberíamos estar ocupados. Es como estar en un limbo de desesperación que no nos deja movernos ni pa un lado, ni pal otro.

La segunda teoría tiene que ver con el estrés que nos produce dejar nuestras ocupaciones para el último minuto. El estrés, así como la felicidad, la tristeza, el miedo y hasta la excitación, logran que nuestro corazón lata con fuerza, haciéndonos sentir vivos. Sin saberlo entonces, nos vamos por la vida buscando situaciones y momentos que nos den “vida”, que nos hagan sentir el corazón. Es como lanzarse de un paracaídas pero sin el riesgo de morir aplastado contra el suelo. Aquí el “único” riesgo es vivir una vida de insatisfacción y frustración al no poder realizar nuestros propios sueños y de esta manera confirmarle a la voz interior que uno está destinado a fracasar.

Lo bueno de entender todo esto es que, aunque parezca lo contrario, uno no es su mente. Es decir, obviamente somos nuestra mente pero a la vez no lo somos. Semejante entendimiento vino de un regalo de mi hermano Juan, un libro de Eckhart Tolle llamado “El Poder del Ahora”. En él, Tolle explica como esa “voz” en nuestra cabeza está construida a partir de nuestro pasado, lo que muchas veces distorsiona nuestro presente y nos trae infelicidad y sufrimiento. Entonces, al hacernos observadores de nuestros propios pensamientos, sin juicios ni condenas a éstos, empezamos a darnos cuenta de que por un lado estoy YO y por otro lado mi “voz interior”. Al dejar de identificarnos con nuestra mente, con nuestros pensamientos, recuperamos el poder sobre nuestra vida, permitiéndonos estar presentes en el ahora, logrando vencer el mayor obstáculo en nuestra felicidad: nosotros mismos.

Convertirme en una especie de testigo ocular de mis propios pensamientos me ha ayudado a no procrastinar, al menos no tanto. Cuando me siento a trabajar en algo importante y mi mente comienza a distraerme, respiro y la observo. Miro qué pensamientos llegan, con qué quiere distraerme. A veces son bobadas porque el cerebro prefiere ahorrar energía cueste lo que cueste, entonces quiere ver otro episodio de Family Guy en lugar de ponerse a trabajar. Otras veces me distrae con mis propios miedos y traumas y esos son más difíciles de observar desde la tribuna. La meditación ha sido una herramienta clave para esto. A la mente también hay que entrenarla para ponerla a trabajar como uno quiere, no como ella decide.

Ahí voy entonces, día tras día, luchando contra mí misma, contra la pereza de mi mente ahorradora de energía, contra el impulso de procrastinar. Ahora que estoy construyendo uno de mis más grandes sueños, no me queda tiempo de dejar que mi mente gobierne mi vida. Estoy enseñándome que la disciplina es más importante que la inspiración y que cuando mi mente viene a dañarme el parche, a torturarme con sus temores y a incitarme a mandar todo a la mierda, le contesto “NOT TODAY MONITA, HOY ESTAMOS OCUPADAS TRABAJANDO”.

3 thoughts on “LA MENTE PEREZOSA

  1. y aquí voy de nuevo Vero.. mientras debo investigar, editar, escribir, y otros.. “procrastino” leyéndote. Gracias por tu experiencia… abrazo

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