REESCRIBIENDO EL FINAL DE MI HISTORIA

REESCRIBIENDO EL FINAL DE MI HISTORIA

Por Verónica Orozco @verozco

El destino, el llamado, la vocación, “el plan que mi dios tenía para usté”. Elegir qué hacer con la vida es una de las decisiones más importantes que tenemos que tomar -junto con tener o no hijos y comer carbohidratos después de las 4 pm- y sin embargo, son muchas más las veces que lo decidimos sin pensarlo tan bien -al igual que con los hijos o con la hamburguesa a las 3 am-. Mi elección vocacional la tomé en un minuto. Literalmente. Mientras hacía la fila para comprar el formulario de inscripción para estudiar Economía -esto por culpa de una materia con ese nombre dictada por la mejor profesora que tuve en mis 13 años de colegio-, pensé: ¿Y si mejor Derecho? Y compré el formulario. Aquello a lo que iba a dedicarme por el resto de la vida me tomó un minuto decidirlo. Qué tal que la señora de la taquilla de formularios me hubiera visto escogiendo un plato en un restaurante.

Sin haber cumplido siquiera 18 años decidí que por el resto de mi vida quería ser abogada. Demasiado Ally McBeal terminó por joderme la cabeza y mi sueño era llegar a los juzgados de tacones puntudos y sastre de falda, cargando un maletín lleno de papeles con ponencias ganadoras que sacarían vencedores a mis clientes siempre.

Empezó entonces la vida real. Cinco años de clase de 6 am todos los días -sin excepción-, lecturas eternas de libros que pesan más que uno, exámenes orales, sobredosis de tinto, cigarrillos de 50 pesos y noches enteras dedicadas a analizar casos hipotéticos llenos de variables. Esto sin mencionar que los juzgados colombianos no se parecen EN NADA a los juzgados de televisión, ni tampoco los jueces, ni los colegas, ni la aplicación de la ley, ni nada.

Terminé por convencerme de que eso era lo que quería hacer por el resto de mi vida a pesar de que, muy en el fondo, no me sentía tan segura. Probablemente era más fuerte la voz de mi mamá comentando lo feliz que debía estar mi abuelo notario en el cielo viendo que por fin uno de sus nietos decidió continuar su legado. O le presté más atención a la voz de mi papá quien, en una conversación aguardientosa con mi hermano mayor, manifestó sentirse más orgulloso de mí que del resto por haber estudiado lo que él siempre quiso estudiar.

Acabé las materias, presenté los exámenes preparatorios e hice la tesis. Y me gradúe y me entregaron mi tarjeta profesional y conseguí un trabajo como abogada. Y empecé a ir a los juzgados pero de zapatos bajitos porque me tocaba llegar en bus y sin sastre de falda. Y mi cliente era un banco que debía quitarle la casa a esas personas que el UPAC derrotó. Y nada se sentía bien. Nada. Pero esto fue lo que estudié. Yo tuve la opción de escoger otra carrera pero escogí esta. Este es el fin del cuento que yo empecé al comprar un formulario en la universidad a los 17. Y así viví por más de diez años asumiendo la responsabilidad de mi elección por encima de la felicidad del corazón. Convencida de no saber hacer otra cosa para ganarme la vida y rebajando al nivel de “hobbies” labores deliciosas que me llenaban el alma, como escribir.

Y fue luego de decidir divorciarme -lo más difícil que he tenido que hacer hasta ahora- que entendí que la vida no está escrita. No hay un plan maestro en el cielo que dicta lo que tenemos que hacer, el plan maestro está en nosotros y lo hacemos a diario. Me levanté un día, comprendí la infelicidad que me daba el trabajo de abogada que tenía y entendí que ese sentimiento de desasosiego que me invadía todas las mañanas antes de salir para la oficina era probablemente uno de los factores determinantes del final de mi matrimonio. Y del desperdicio de muchas otras oportunidades. Entonces escogí mi felicidad por encima de mi obligación. Y le agradecí al Derecho todo lo que me había dado por tantos años y nos despedimos para que yo pudiera empezar a escribir una nueva historia, en la que a los treintaypunta años me siento como escogiendo otra vez el formulario de admisión en la universidad, pero con la diferencia de que ya no soy una niña. Y sabiendo que puedo cambiar el final de mi historia las veces que quiera.

Publicado en http://www.octomagazine.com http://www.octomagazine.com/edicion/9/pagina/91 @octomagazine

14 thoughts on “REESCRIBIENDO EL FINAL DE MI HISTORIA

  1. Verónica, no nos conocemos; pero leerla y siguirla por las redes sociales es como hacer parte del mismo club. Yo no también me divorcie del derecho, yo también decidí dejar mi vida cómoda y en apariencia “feliz” que tenía en Medellín; por aventurarme a vivir en un país ajeno, con lengua extraña pero con la persona que me hace feliz. Yo pense que ésas cosas donde uno se siente plenamente feliz con la nueva vida que decidió cambiar era golpe de suerte, pero me pasó a mi y le pasa a usted y le pasan a muchas más personas que por X o Y motivo deja de vivir como es debido y comenzamos a vivir como es querido.

  2. No pueden ser más perfectas esas palabras, la zona de confort nos amarra todo el tiempo haciéndonos pensar que estamos bien, cuando en realidad la felicidad está afuera esperando que dejemos las excusas, los miedos y nos enfrentemos a buscarla, a sentirla. Verónica me encanta leerte en Tw y ahora aquí. Tienes razón cuando dices que debería no ser algo heroico o que llame tanto la atención llevar la contraria a todo lo que el mundo quisiera ver de nosotros, debería ser natural que cada persona haga lo que de verdad quiera, sin prejuicios, miedos o postergaciones. En el fondo es lindo saber que también como yo, hay personas con historias tan increíbles, donde a pesar de no todo ser perfecto se busca la tranquilidad y la felicidad por encima de todas las cosas. Darle el NO a los gustos del resto y decirse SI a si mismo es la verdadera felicidad.

  3. Hola Veronica, realmente leer este articulo justo en este momento de vida es sorprendente! Mi hermana te sigue hace mucho tiempo y tras saber la crisis que estoy pasando me pidió que tu leyera. Este texto no puede ser mas que acertado, también en frente una decisión entre la profesión que hago bien y la que realmente me apasiona por la cual seria cambiar de país de idioma hasta de vida con tal de ejercerla. Que valiente fuiste y que inspirador es leerte!

  4. Me considero un fan de la potencia de las reinvenciones, más cuando conozco el potencial que hay que tener para hacerlas. Me he sorbido las letras de su dolor pero también a través de sus mismas letras he llegado a encantarme con su dicha, la dicha de un desconocido. Gracias por su historia expresada porque aunque uno se vuelve consciente de que las respuestas están en su interior, con tanta mierda, es bueno quien te ayude a leerte,a asumirte, a vivirte.

    Tocando el son de ese agradecimiento quiero pedirle que no pierda esos tres puntales que hoy están latentes en su vida, la paradoja, el misterio que representa la vida misma, sígase sorprendiendo sin darle paso a las expectativas. Aun cuando los sentidos fallen refuerce siempre el del humor(el suyo es un empire bulding state) y finalmente siga siendo esa suerte de ave fénix, que ante todo cambio, renace, y ante toda ceniza, se revitaliza.

    ¡Feliz Vida, Verozco!

    1. Qué agradecida estoy con vos por escribirme una de las cosas más bonitas que he leído para mí. Gracias de corazón por tomarte este tiempo en leer y en escribir.
      ¡Feliz vida, Leonardo!

  5. Verónica, supe de ti por Juanes y Dany Hoyos hace poco la verdad, te seguí en las redes por que me identificaba con tus publicaciones. Pero al descubrir tu escritos, ( me los leí, todos sin pausas ), me he convertido en fans de tu formar de narrar, cómplice de posturas de vida que compartes. También entendí que puedo cambiar el final de mi historia las veces que quiera, y que tal vez el plan maestro, a mi parecer consiste en la libertad en decisiones sustentadas en en nuestra felicidad, valiendo de recursos inmateriales, esfuerzos y convicciones, bendiciones.
    Gracias por escribir. Un abrazo desde Colombia.

    1. Qué bello que te hayas tomado el tiempo de escribirme esto que me hace tan feliz. Espero seguir escribiendo y logrando que te sientas igual de identificada siempre. Un abrazo inmenso desde Miami.

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